El pez que no nadaba y otros relatos - Page 1 - 3 Mariano Salvadó El pez que no nadaba y otros relatos Ediciones APARIS – Edifree 75008 Paris – 2010 4 www.edifree.com Ediciones APARIS – Edifree 56, c/ de Londres – 75008 Paris Tel : 93 802 87 62– Fax : 01 41 62 14 50 – mail : infos@edifree.com Ilustración Portada : Carlos Navarro Diseño Portada : Francesc Ribot Todos los derechos de reproducción, adaptación y traducción, total o parcial reservados para todos los países ISBN: 978-2-8121-3845-4 Depósito legal: Junio 2010 © Mariano Salvadó El autor del libro es el único propietario de los derechos y la responsabilidad de todo el contenido de dicho libro 5 A Eric y Sara 7 “Érase una vez una coincidencia que había salido de paseo en compañía de un pequeño accidente; mientras paseaban, encontraron una explicación, tan vieja, tan vieja que estaba toda encorvada y arrugada y parecía más bien una adivinanza” LEWIS CARROL, Silvia y Bruno 9 INDICE 1. El pez que no nadaba 11 2. A Juan Marsé 17 3. Cartas de amor 21 4. El tatuaje 27 5. La publicación 37 6. La vigilante de la playa 47 7. Un diente de leche 53 8. Mi manía de masticar chicle 57 9. Tenía la sensación 61 10. Alabado sea el Señor 65 11. La felicidad 71 12. La teoría de la relatividá 77 13. La muerte de Lord Carnarvon 81 14. Una historia verdadera 87 15. El encuentro 93 16. Mi costumbre de brindar 97 17. Suave como su piel 103 11 1. El pez que no nadaba 13 Colorines era un pez que no nadaba. Pero, no porque no supiera, sino porque no le salía de las aletas. Su vida acababa de cambiar de forma radical e inesperada y había decidido que no valía la pena volver a nadar ahora que volvía a estar solo. Hasta hacía poco no había tenido mucha suerte en la vida y cuando conoció a su novia creyó que la suerte le había cambiado para siempre. Se convenció, ingenuo, de que ya había sufrido suficiente y que por fin le tocaba ser feliz. Como si la felicidad se comprara con un boleto de lotería y te pudiera tocar así como así. Por eso, cuando su novia le dejó en el que él creía era su mejor momento, la nueva vida que había empezado a construir en su mente se le desmoronó en un instante. Alguien le había dicho una vez que los peces no tienen sentimientos porque son animales de sangre fría, pero eso, no se lo dijo un pez. Por supuesto que Colorines sufrió cuando su novia se enamoró a primera vista de un emperador azul. Sin duda, su nombre y su aspecto fueron los que la hicieron quedarse prendada del nuevo visitante y dejar de lado a su amado. –No puedo seguir contigo, no es culpa tuya, pero ya no te quiero –le dijo. 14 Lo que no sabía la novia de Colorines y, por desgracia, no llegaría a saber nunca el propio Colorines, es que el pez no era Emperador de nada, ni siquiera de aquel rincón de la pecera a la que se fueron a vivir al poco tiempo. Y, aunque era cierto que era azul, nunca llegó a ser el príncipe azul con el que la novia de Colorines había soñado; porque lo que ella no sabía, pero Colorines sí, es que los príncipes azules destiñen, sobre todo cuando están en remojo. Y eso, tampoco se lo contó otro pez. Colorines vivió durante un tiempo con la esperanza del retorno de su amada, convencido de ser capaz de un perdón inmediato. Pero eso nunca llegó. Ya había pasado demasiado tiempo y se tuvo que hacer a la idea de que la había perdido para siempre. En ese preciso instante fue cuando decidió que no valía la pena seguir nadando. Conocía las más que previsibles consecuencias: deterioro físico y mental y, en poco tiempo, la muerte. Se cumpliría aquello que le dijeron en una ocasión: “La vida en la pecera es como cualquier otra: la gente entra y se muere”. Pero no os pongáis tristes ni os preocupéis por Colorines. Por suerte, los peces tienen una memoria de cinco minutos y los últimos cinco minutos estaban a punto de cumplirse. Ya casi había olvidado que su novia le había abandonado hacía apenas cuatro minutos y casi no recordaba haber tenido novia. Ya no importaba. Lo 15 realmente importante era que en unos segundos miraría de nuevo al futuro, sus próximos cinco minutos, y empezaría una nueva vida. O, al menos, una parte de esa nueva vida servida en raciones de cinco minutos. Así que, de repente, como movido por un resorte, Colorines se puso en marcha y empezó de nuevo a dar vueltas en su pecera. Volvía a nadar y eso le hacía lo suficientemente feliz como para sobrevivir todos los cinco minutos más que hicieran falta, totalmente ajeno a lo que le había sucedido. –!Quién fuera pez! –le dijo alguien que no creía en los príncipes azules, pero sí en los sentimientos. 17 2. A Juan Marsé 1 1 Relato ganador del IX Concurso de Microrelatos, abril de 2010, de la Biblioteca del Carmel de Barcelona.
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